Enero, 2011.
El año comienza con dos buenas noticias: Al fin estoy curada de mi fractura de brazo y ya no hay un solo rastro de las heridas que yo sola me hice. Mi caso fue bastante sonado, pero no tanto como el caso de otra chica que se suicidó.
Su nombre lo ignoro, pero sé que se tiró desde el cuarto piso de celdas. Simplemente se subió al barandal y se dejó caer. Por suerte no vi eso, si no, habría quedado traumada de por vida. O tal vez no.
—¿Cómo te sientes? —me pregunta el doctor de aspec