Interior – Casa de Sofía – Tarde.
Después del abrazo, James se separó con cuidado. Sus ojos aún tenían un velo de confusión, pero había encontrado una pequeña isla de calma en las palabras de su madre.
—Voy a mi habitación… —murmuró con un hilo de voz—. Quiero estar solo un rato.
Sofía asintió sin decir nada más. Le acarició el hombro al pasar, y vio cómo su hijo subía lentamente por las escaleras, sin prisa, con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha. Esperó a oír la puerta cerrarse arri