Mansión Carbone – Oficina central, semanas después.
Vittorio se había convertido en un espectro entre las paredes de mármol de la mansión. Sus días eran silenciosos, sus noches interminables. Los negocios florecían bajo su puño de hierro, pero su alma, quebrada por la ausencia de Cristian, se había endurecido hasta volverse piedra. Sus ojos ya no brillaban, solo analizaban. Cada palabra era medida, cada decisión, quirúrgica. Lo apodaban “Il Freddo” entre los socios: el frío.
El despacho ya no t