Derek estaba sentado frente al volante, pero aún no había puesto el coche en marcha. El silencio dentro del vehículo era cálido, cómodo, mientras ambos se sumergían en la tranquilidad del momento. Liam, sentado a su lado, sentía la mirada de Derek sobre él, intensa y llena de admiración. De repente, Derek alzó una mano y, con delicadeza, acarició la mejilla de Liam, sus dedos recorriendo su piel con una suavidad casi reverente.
—Eres tan hermoso —murmuró Derek, su tono bajo pero cargado de afec