Derek entró en su oficina como una tormenta imparable, su rabia palpable en cada paso que daba. El simple hecho de haberse encontrado con los periodistas en la entrada de su empresa ya lo había sacado de sus casillas, pero ver cómo exponían a Liam de esa manera, cómo lo arrastraban a su mundo caótico, lo ponía aún peor. No soportaba la idea de que alguien más pudiera dañarlo, ni siquiera con palabras.
—Derek, por favor, tienes que calmarte —la voz de Liam, suave pero cargada de preocupación, l