El chirrido de los neumáticos al frenar resonó con un eco desgarrador mientras Derek detenía el coche frente a la imponente mansión. El corazón de Liam latía con fuerza, casi ensordeciéndolo. Apenas el vehículo se detuvo, Derek salió corriendo hacia la reja, con Liam pisándole los talones.
—¡James! —gritó Derek desesperado, su voz quebrada por el miedo.
Frente a ellos, la enorme reja metálica parecía un obstáculo insuperable. El candado oxidado brillaba bajo la tenue luz, pero eso no detuvo a D