VIOLA
La mañana siguiente llegó como un susurro suave. No sentía náuseas por la ansiedad. No había oleadas de pánico que me golpearan por dentro. Solo un cuerpo cansado... y un corazón que poco a poco aprendía a sentir la calma.
Cuando abrí los ojos, mi celular sonó suavemente.
**Lucas:** *Buenos días, Viola. No te apresures. No tenemos que ir a ningún lado hoy. Solo quería asegurarme de que estás bien.*
Miré la pantalla durante un rato. Entonces, sin darme cuenta, mis labios se curvaron en un