VIOLA
Las luces del escenario parecían deslumbrantes esa noche, mucho más brillantes de lo habitual. O tal vez era yo quien estaba demasiado cansada para aceptar cualquier tipo de luz.
Cuando me paré frente al micrófono y la fila de cámaras, el mundo parecía girar demasiado rápido, mientras yo misma quedaba atrapada en un torbellino del pasado que acababa de abrirse a la fuerza.
Sonreí. Esa sonrisa debería haber sido cálida, segura, profesional. La sonrisa de un artista cuya obra es alabada, es