VIOLA
Mi pecho se oprime, mi cabeza da vueltas y mi corazón late a toda velocidad.
Kenny. ¿Él... está aquí ahora, de repente?
Mis pasos se acercan sin que me dé cuenta. Giro el cuerpo con manos temblorosas, no puedo evitar decirle que lo he echado mucho de menos.
—Kenny —digo con la voz entrecortada—.
Pero mis ojos se abren como platos al ver a ese niño. No es Kenny. En absoluto. Su cuerpo es muy parecido por detrás. Pero no es... Kenny.
—¿Viola, la gran pintora? —pregunta la madre del niño con