Relata Ava:
— Disculpe… — Eso me irritó mucho. Es decir, ¿Qué tan descarada podía ser esa mujer para pedirme los datos de mi marido después de todas las veces que la he visto tan pegajosa con él? Ella podía ser mi ídolo personal, pero con mi Alex, ninguna regalada se metía. — Pero, ¿Qué pretende?. — Gruñí.
— ¿Qué?. — Ella pareció notar mi repentino cambio de humor.
— Quiero decir… — Inspiré, intentando controlarme. — Desde que iniciamos este proceso, no he podido evitar darme cuenta de la… “