CAPÍTULO 59 — No me arriesgaré nuevamente.
Erick no tomó el camino hacia casa.
Amelia lo notó casi de inmediato.
Las manos de él estaban firmes sobre el volante, la mirada fija al frente, el gesto decidido. No había duda en sus movimientos. No había vacilación.
Conducía como quien ya ha tomado una decisión que cambiará el rumbo de todo.
—¿A dónde vamos? —preguntó ella, observando las calles que no llevaban a su hogar.
Él no respondió de inmediato, solo extendió su mano y apretó la de ella con suavidad y la llevó a sus labios para besarl