—Maldición —voceó Raquel con todas sus fuerzas, haciendo que su voz haga eco en esa habitación. Pero ese grito no le ha ayudado en nada. Siente aún más rabia y ve unos adornos chafas sobre la mesa.
Se aproxima a toda velocidad hasta quedar a su costado. Agarra el adorno de mayor tamaño, que es un florero rojo con unas flores artificiales. Y lo avienta, impactando este en el otro extremo de la habitación. Rompiéndose en mil pedazos.
Raquel ve las siguientes decoraciones. Arrojándolos por t