Kayla se queda callada. Controlando cada emoción que por años ha intentado controlar. Cada horrible recuerdo que opacó su sonrisa y oscureció su mirada. Ahora su prometido lo ha sacado a la luz y, por más que esté tentada a no decirle nada, sabe que ya no puede hacerlo. Pero tiene razón; él será su esposo, merece saberlo.
—Está bien, siéntate. —Señaló ella hacia la silla más cercana. —Entiende que esto no es sencillo para mí. Por qué conectar con tu jefe.
—Ya veo —menciona Hugo. Temiendo l