—Disculpame por entrometerme. —Dice el viejo, tomando por sorpresa al joven amo porque el hombre frente a él es la persona más orgullosa que conoce —. No lo ayudaré, de ahora en adelante puedes encargarte de él como quieras. Tampoco te diré quién es. Sólo espero que cuando lo encuentres, entiendas muchas de mis decisiones. Puedes hacer lo que quieras con mi empresa, al final, mi Imperio te pertenece.
—¡Eso no es lo que debería estar diciendo! —Grita Mena perdiendo los papeles.
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