La puerta de mi habitación es tocada de forma suave, anunciando así la llegada del desayuno de Gio y Mena. En cuanto nos acomodamos para comer, todos dejamos el tema y decidimos disfrutar de nuestro tiempo juntos. Por fortuna, el desayuno me distrae lo suficiente para que no me de otro ataque debido al enojo, además, me siento tan calmado que el buen humor empieza a reemplazar mis malas ideas que llegan con el enojo. Entonces a mi mente llega un plan que puede ayudarme.
—Gio, para terminar el