Marisol y Amapola salieron de la casa muy animadas como todos los domingos, vestidas muy arregladas para ir a la misa de siempre y venían conversando de todo un poco. Y de repente Marisol vio a un hombre muy raro y dijo...
—¡Ay comadre me acordé del señor Santillano!.
—¡Ay ni lo nombre comadre por favor!—exclamó Amapola — y si, fue tremendo susto que llevamos nosotras con el.
—Yo pensé comadre de verdad se lo digo, pensé que ese hombre se nos iba a morir. No sabía que hacer para ayudarla.