El público enardecía de emoción; Amapola y Marisol fueron ubicadas por Reishel, seleccionando para ellas el lugar adecuado; y en el momento que buscaba el sitio, a Reishel le llama la atención algo muy particular, una señora refinada que destilaba perfume francés, se encontraba algo cerca del escalón dónde ella estaba parada; tenía el cabello teñido de un rojo muy chillón y por la voz, y la compañía (Facundo), identifica qué se trata nada más y nada menos que ¡de Úrsula!.
Reishel se asombra