Kathlyn no podía contener la emoción. En ese momento estaba saboreando las mieles del triunfo; almorzando con el hombre de sus sueños, el que hasta hace poco, era imposible e inaccesible de alcanzar. Hoy está comenzando a hablar con ella, compartiendo sus cuitas y cosas de su vida.
Ella de manera natural se inmiscuye en su vida:
—¡Pero Mauricio tú estás muy enamorado de Reishel tengo entendido!, ¿cómo te sientes ahora?
—¡No sé, pero…si,sí la amo!, ¡y daría lo que no tengo para tenerla de nue