CATALINA
Entre sueños escucho los sonidos insistentes de la puerta al ser golpeada con fuerza, seguido de mí nombre a lo lejos.
–¡Catalina! ¡¿Cata estás ahí adentro?! ¡Estás bien!
Adormilada extiendo mí brazo a lo largo, para sentir el frío de las sábanas en mi cama, entonces los sucesos de anoche se agolpan en mí mente. Abro los ojos con languidez y cubriendo mí cuerpo desnudo con la sábana, me dirijo con toda la pesadez que me cargo a detener los incesantes golpes y gritos que me taladra