Sra. Welling
Miré el reloj y solo habían pasado tres horas. No fui tras Nicolás. Comí un bocado rápido en mi sala de estar al mediodía y cuando me fui eran casi las cuatro.
Edu me estaba esperando en el coche.
- Voy a cenar. - Yo hablé. – ¿A qué hora me recoges?
- ¿Puede ser a las veinte? ¿Es bueno para usted?
- Es perfecto. Solo prométeme que no me llevarás a un restaurante de mariscos... y mucho menos a una comida elegante. No me gusta. No intentes impresionarme. Me gustan las cosas simples.
- No se preoc