Morana
Observo a mi alrededor, a cada centímetro de esta cueva o lo que sea donde ese salvaje me trajo, y me abrazo a mí misma por la impotencia, pero también por el frío.
Extraño mis cobijas de tela importada, frescas, limpias y con ese aroma exquisito a flores y cítricos que me encanta.
Ahora no tengo ni una cobija de mala calidad.
—¡Mi situación es tan inhumana!
Mi cama es un montón de pajas y mi almohada, una piedra lisa.
Necesito regresar a casa, a mi comodidad…
Sin embargo, mi anhelo es e