Killiam
Mi respiración se mezcla con la brisa de la mañana, ambas agresivas y salvajes, cómplices y tortuosas.
A medida que cabalgo a toda velocidad, mi cuerpo tiembla mientras el cabello se levanta, tanto por los movimientos bruscos como por el viento que lo desarregla y pega a mi rostro.
Debí amarrarlo antes de salir.
Sin noción del tiempo, del camino ni de lo que de verdad voy a hacer, prosigo como si huyera de mi infierno.
—¿Así huiste tú? —musito con dolor.
Me quema lo asustada que estuvo,