Capítulo 34

Killiam

Mi respiración se mezcla con la brisa de la mañana, ambas agresivas y salvajes, cómplices y tortuosas.

A medida que cabalgo a toda velocidad, mi cuerpo tiembla mientras el cabello se levanta, tanto por los movimientos bruscos como por el viento que lo desarregla y pega a mi rostro.

Debí amarrarlo antes de salir.

Sin noción del tiempo, del camino ni de lo que de verdad voy a hacer, prosigo como si huyera de mi infierno.

—¿Así huiste tú? —musito con dolor.

Me quema lo asustada que estuvo,
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