Lara
Una punzada de dolor en el pecho me paraliza, y todo el deseo que me tenía presa al encanto del fae Arion se desvanece; la culpa toma su lugar.
¿Qué estoy haciendo?
Antes de que suceda algo de lo que pueda arrepentirme luego, tomo distancia de él y desvío la mirada, pues me da mucha vergüenza haber tenido este momento de debilidad.
—Estás muy rara hoy —dice él, con expresión maliciosa, como si le divirtiera jugar conmigo.
—El que está extraño eres tú, invadiendo mi espacio personal. —Arru