Lara
El silencio fúnebre es roto por el silbido del viento polvoroso y frío. Su caricia, aunque gélida, la percibo cálida cuando choca con mi piel congelada por el estupor.
¿Qué hago?
Temo tanto voltearme, pero quedarme a la espera de mi muerte tampoco es la idea más brillante.
Suelto un suspiro que busca calmar mi estado de terror, pero los latidos potentes en mi pecho obstaculizan mi objetivo.
Así no podré pensar...
Ni modo, tendré que pelear con estos entes.
Decidida a defenderme, me giro,