Lara
Killiam y yo nos observamos con melancolía y profundidad, y ambos tenemos los ojos cristalizados. Yo no he sido la única que ha llorado aquí. Nuestras manos están aferradas y nuestros corazones laten a la par.
—Te voy a extrañar demasiado —le digo entre lágrimas.
Él las limpia con cuidado y me da un beso cerca de los labios; luego roza su nariz con la mía.
—Yo también te voy a extrañar, mi luna. Por favor, no te tardes —me pide.
Me besa en la mejilla y desciende hasta mi oreja, luego a mi