Estoy sentado en la acera frente a la academia, con un cigarrillo entre los dedos, tratando de apagar el ruido en mi cabeza. La tienda, las deudas de mi padre, el drama con Margarita, y ahora Luciana, con sus fotos que me tienen al borde de la locura. Pero lo que más pesa hoy es Miguel. Mi hermano, mi pequeño desastre, acaba de contarme cómo su vida se fue al carajo en un solo día, y yo, como siempre, trato de ser su ancla. No es fácil. No cuando nuestro padre, Gonzalo, es un huracán que destru