84. El heredero del silencio
Cuando un hombre deja de temerle a la oscuridad, ya no hay camino de regreso.
El despacho vacío
El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Luca entró en el despacho de su padre. La estancia olía a madera antigua, humo de habano y silencio. Todo estaba en su lugar, como si Don Enzo hubiera detenido el tiempo a propósito. Sobre el escritorio reposaban las carpetas del negocio, las cuentas, los informes falsificados… y una copa de whisky que aún conservaba el calor de la mano que la había so