56. Sombras familiares
El pasado nunca muere; solo espera, oculto, hasta que alguien lo despierte.
El reloj marcaba casi las diez de la mañana cuando un golpe seco en la puerta interrumpió la concentración de Valentina. Había pasado la madrugada revisando notas, tratando de ordenar su mente después de la amenaza que había recibido en el hospital. El cansancio se le notaba en las ojeras y en la taza de café frío que llevaba horas intacta sobre el escritorio.
Se levantó con desgano, pensando que podía ser Giulia o Sofí