La enfermera se acercó a Ayse y, con voz suave pero firme, le pidió que saliera de la sala de partos.
—Lo siento, señorita, pero solo puede quedarse una persona acompañando a la madre durante el parto, tendrá que esperar afuera.
Ayse miró a Zeynep con preocupación, no quería dejarla sola en un momento tan especial, pero sabía que Kerem merecía estar allí, ser el primero en ver a su hijo venir al mundo. Con un asentimiento resignado, soltó la mano de su amiga y se dirigió hacia la puerta.
—Estaré