Un silencio gélido como un suspiro de muerte se extendió entre los presentes. Mehmet ya no se burló ni reaccionó más, simplemente permaneció inmóvil procesando la sentencia. Kerem se adelantó y posó una mano en su hombro, con la mirada ensombrecida.
— Lo siento, Mehmet —murmuró con voz ronca—. Ojalá todo hubiera sido diferente, quizás así nos hubiéramos ahorrado este trágico final...
Ante la sorpresa y el desconcierto de todos, Mehmet se echó a reír entonces. Pero esta vez no era una risa bur