Caminaron sin detenerse ni hacer pausas para turnarse de descanso alguno, Neylan conducía la marcha con obstinación, ansiosa por dejar atrás los territorios de Diyat cuanto antes.
Asya la seguía de cerca, siempre recelosa pero disciplinada, Elif en cambio parecía a punto de desfallecer a cada paso, sin poder evitar esporádicos quejidos y lloriqueos que irritaban a sus compañeros.
— ¡Ya cállate de una maldita vez! —estalló finalmente Halik en una de las tantas veces que Elif comenzó a gemir— ¡N