Zeynep se dirigía a la escuela para niñas, como cada mañana desde que decidió ser maestra. La enseñanza era su pasión, y sentía que al educar a estas jóvenes, les daba una oportunidad de un futuro mejor.
Pero su labor no era vista con buenos ojos por todos, especialmente por su suegra Neylan. Ella consideraba que el lugar de una mujer estaba en el hogar, sirviendo a su marido y criando a los hijos. La idea de que Zeynep llenará las cabezas de las niñas con "ideas extrañas" la enfurecía.
Esa mañ