La sala principal de juntas, ubicada en el último piso del rascacielos de Apex Holdings, estaba envuelta en un silencio sofocante. La tensión era tan densa que parecía aplastar el pecho de todos los presentes. Los miembros de la junta directiva y los comisionados permanecían sentados con los cuerpos rígidos, observando con inquietud las enormes puertas dobles de madera de teca que seguían cerradas.
Las gráficas de pérdidas proyectadas en la enorme pantalla —provocadas por el desplome de las acc