Una hora había transcurrido en un silencio cargado con los vestigios de la pasión. Elyn estaba de pie junto a la cama con los dedos ligeramente temblorosos, intentando volver a abrocharse la camisa de franela que había quedado desordenada. Sobre el colchón, Dave yacía recostado tranquilamente con un brazo apoyado bajo su cabeza, observando cada movimiento de Elyn con una mirada intensa y difícil de descifrar.
Durante toda esa hora previa, Dave no había exigido más. El hombre se había limitado a