Elyn contempló con indecisión la palma de la mano extendida de Diego frente a ella. Por unos instantes, sintió que el mundo se estaba burlando de su situación. ¿Cómo era posible que un chico tan apuesto quisiera conocer a una joven común y de complexión robusta como ella? Sin embargo, el brillo afable en los ojos de Diego hizo que Elyn dejara de lado, poco a poco, sus inseguridades.
Con cierta timidez, extendió la mano y aceptó el cálido apretón del joven.
—Elyn... —dijo en voz baja, esbozando