—Vamos a dormir —susurró Dave en voz baja, rompiendo el silencio que había quedado suspendido entre ambos.
Elyn levantó la mirada y observó aquellos ojos de águila que ya no reflejaban hostilidad, sino un cansancio demasiado profundo. Poco a poco, asintió. La valentía que había sentido en el balcón hacía unos momentos ahora se transformaba en una cálida rendición.
Aquella noche compartieron la misma cama no por un deseo desbordante, sino por la necesidad urgente de sost