El aroma de la comida caliente que flotaba junto a la calle alivió un poco el cansancio que pesaba sobre los hombros de Elyn. En aquel pequeño puesto iluminado por las farolas, podía ser ella misma, disfrutar de su comida favorita sin preocuparse por las miradas despectivas de la gente de la mansión.
Sin embargo, aquella tranquilidad se rompió de golpe cuando una mano áspera sujetó su muñeca con fuerza.
¡Sshht!
—¡Ven conmigo! —rugió una voz demasiado familiar para ella.
Elyn se sobresaltó,