El tic-tac del antiguo reloj de pared recubierto de oro resonaba cada vez con más fuerza en el comedor de la mansión de la familia Moreno, rompiendo los últimos vestigios del calor que había dejado aquel beso de distracción.
Dave aún no había tenido oportunidad de interrogar a su asistente personal sobre aquella extraña elección de palabras cuando el teléfono móvil que llevaba en el bolsillo de su polo negro comenzó a vibrar con insistencia. Era el tono reservado exclusivamente para emergenci