Los dedos de Elyn permanecían inmóviles sobre el teclado de su ordenador.
La pantalla del monitor frente a ella mostraba cientos de cifras correspondientes al informe mensual, pero ni uno solo de aquellos datos lograba procesarse realmente en su mente. Los pensamientos de la joven de curvas generosas giraban sin descanso, regresando una y otra vez a la tinta negra de su firma estampada sobre la adenda del contrato aquella misma tarde.
Tres años.
Los próximos tres años de su vida habían quedado