Cuando Adréis encendió el vehículo, Mili estaba observándolo por la ventana de su habitación, detrás de las cortinas. «Se va, ahora sí se va, lo he espantado con mi furia», pensó ella. Le había visto su peor rostro, su peor faceta: había querido asesinar a su novia y es probable que lo haya hecho si él o Julio no hubieran intervenido. O tal vez no, tal vez solo quería que Talía sintiera su odio, amedrentarla, ponerla en su lugar. Pero le espantó esa posibilidad, ahora que estaba calmada. «Lo si