—Me siento anulada—
Talía percibió el tono de la señora Margaret un poco acusatorio, no estaba segura de cuáles eran sus intenciones, igual dio un paso al frente para aclarar la situación. Apoyó su brazo derecho en el hombro de su amiga y dijo:
—Así crecimos, lo que es mío es también suyo.
Margaret los observó a los tres. A cada uno, desde su punto de vista, parecía unirlos cierta complicidad. «Un triángulo amoroso… Los jóvenes de hoy, qué modernos», pensó la mujer.
—Entiendo —dijo ella—. Enton