Aguardo unos segundos antes de tocar la puerta, respiro profundamente y doy un golpe suave y otro un poco más fuerte. Como si estuviese esperando, rápidamente contesta:
—Adelante.
El tono de su voz es menos severo que de costumbre. Abro la puerta sigilosamente, intentando calmar mis latidos cardíacos que comienzan a hacerse más fuertes ante su presencia.
Él está sentado en su silla, con las manos reposando sobre el escritorio y la punta de sus dedos pegados unos con otros. Conozco esa posi