En tanto, en su lujosa mansión, Enzo Ferrer se reúne con su chofer.
—Sr Ferrer, acabo de dejar a la Srta Rebecca y a su hermana en el aeropuerto.
—Muy bien Jorge, retírese.
El hombre obedece. Enzo toma asiento mientras su guardaespaldas le sirve un trago de licor.
—¿Qué piensa hacer ahora, jefe? —pregunta el pelirrubio de mirada aguileña, entregándole el vaso de cristal.
Enzo campanea el vaso y luego bebe un buen trago de licor escocés.
—Por el momento es poco lo que puedo hacer. Po