¡CUÑADO!

Emilio sube detrás de Rebecca para ir hasta su habitación. Al igual que ella, se sentía más leve; se había liberado del peso de la culpa.

Entra a su habitación, se quita el albornoz de seda azul, se recuesta en su cama, cruza ambos brazos debajo de su cabeza y revive aquel momento en que besó los labios de la pelicastaña. Ella era innegablemente hermosa, pero sobre todo humilde, en eso le llevaba ventaja a las muchas mujeres que conoció años atrás, incluyendo a Olivia.

De pronto, surge en él
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