—Madrina, por qué tardaste en salir, mi jefe quería conocerte.
—Estaba arreglándome cuando llegaste, Rebecca. —responde, visiblemente nerviosa, frotando sus manos una con la otra.
—¿Qué te ocurre? ¿Estás pálida?
—Nada, Rebecca. —se sienta en el sofá— Ven, siéntate y dime cómo te fue, cómo está tu padre.
Rebecca se sienta al lado de su madrina aunque le sorprende su rara actitud.
—Bueno cuando llegué estaba con la doctora. Ella lo estaba revisando, y dice que está recuperándose muy bien.