Voy hasta la cocina por una vaso con agua, sentía una profunda tristeza sólo al recordar el rostro de Sofía perdiéndose ante mis ojos.
—Mercedes, por favor, me da un vaso con agua.
—Estoy ocupada, no ve. Si desea puede servírselo usted misma, además por órdenes del Sr Emilio, no estoy obligada a atenderla.
Sol se adelanta, justo cuando me dispongo a servirme el agua.
—Yo puedo hacerlo, Sra Rebecca.
—Gracias, Sol. —Le contesto.
—Voy a extrañar a la pequeña Sofía, esa niña es un amor.