—¡E-Emilio! Hazl-lo. —Le ruego— Quiero ser tuya.
Nunca antes me había atrevido a algo así, a suplicarle a un hombre que me hiciera suya. Pero Emilio Ferrer rompe todos mis esquemas, desordena el orden de emociones que hay dentro de mí, despierta un lado oscuro de lujuría y placer que no había experimentado antes, simplemente deseaba someterme a su voluntad.
La sonrisa y el asombro en su rostro me dejan en claro que no esperaba algo así de mí. Lo cierto es que ni yo misma lo esperaba.
Estab