El crecimiento trajo movimiento.
Y el movimiento, nuevas tensiones.
Las primeras semanas después del acuerdo fueron intensas. Reuniones constantes, viajes programados, equipos nuevos integrándose. La marca empezaba a expandirse más allá de lo que antes parecía posible.
Pero con cada avance, algo dentro de mí se mantenía alerta.
No era desconfianza.
Era cuidado.
Una mañana, en una reunión con el equipo internacional, escuché una frase que me hizo detenerme.
—Para aumentar competitividad, debería