Desperté sintiendo el sol de la mañana filtrándose por las cortinas. La resaca era tolerable, gracias al agotamiento total. Me di cuenta de que estaba desnuda, envuelta en las sábanas de seda, y que Spencer no estaba en la cama.
Me senté, sintiendo cada músculo adolorido. La noche anterior había sido una liberación explosiva, un drenaje violento de toda la tensión acumulada.
Justo entonces, la puerta del baño se abrió. Spencer salió, envuelto solo en una toalla baja, su cabello oscuro mojado y