La puerta principal de Armonía del Sol se abrió con un chirrido suave, rompiendo el silencio espeso de la noche sevillana. Un segundo después, el aroma frío del viento nocturno, una mezcla tenue de tabaco y un rastro de perfume masculino que Sofia conocía muy bien, invadió el vestíbulo. Sofia, que llevaba un rato sentada recta en el sofá, se tensó aún más; sus dedos fríos apretaron el borde de su blazer gris con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
Diego entró con paso relajado, c